viernes, 18 de mayo de 2012
Capitulo 4
Ya me he cansado de estar de pie, asi que me siento en el sillón que está al lado de Marvel.
Al cabo de unos minutos entra en la habitación una mujer de unos veinte años, es muy guapa, tiene el pelo largo y negro, lleva puesto un vestido verde, a juego con sus ojos.
- Hola chicos, me llamo Jade y voy a ser vuestra mentora en estos juegos- dice mientras se sienta en frente de nosotros.
- Hola- decimos Marvel y yo al mismo tiempo.
- Bueno, os prometo que me voy a esforzar para que uno de los dos gane los juegos, pero necesito que vosotros también pongais de vuestra parte, vale? -
- No te preocupes, he entrenado duro durante estos años, soy muy bueno con la espada, y también se me da bien la lucha cuerpo a cuerpo, no tendrás problema conmigo- se apresura a contestar Marvel.
Jade asiente y me mira, esperando una respuesta también por mi parte.
-Yo...tengo buena puntería con los cuchillos y las lanzas - respondo.
- De acuerdo, entonces formaremos un buen equipo - dice con una sonrisa.
Justo en ese momento entra por la puerta Abie y le dice a Jade que en una hora será la cena y que aun nos tiene que enseñar las habitaciones.
Mientras Abie acompaña a Marvel, yo me quedo sola con Jade.
- Te apellidas Miller, no?- susurra.
- Sí, porqué?- aunque sé perfectamente cual es la respuesta.
- Esque me suena, algún familiar tuyo fue antes a los juegos?-pregunta curiosa.
- Mi hermano, se llamaba Robin, tenía 12 años-
- Lo siento- y me sorprende, parece lamentarlo de verdad, cosa que en mi distrito no suele pasar.
Me quedo callada, estoy apunto de decirle lo de Lana y Brett cuando la voz de Abie me sobresalta.
- Glimmer, debo enseñarte tu habitación, la cena será pronto-
Me detengo unos segundos a mirar a Jade y me levanto.
Mientras sigo a Abie por los pasillos del tren intento imaginarme como será mi habitación.
- Hemos llegado- dice, y se para delante de una puerta.
Después de recordarme que en media hora estará lista la cena, se marcha.
Una vez sola, me detengo a observar la habitación, realmente es bonita, abro el armario y me pongo una camiseta blanca con unos vaqueros.
Cuando estoy lista, me siento en la cama, aun queda un cuarto de hora , pero de todas formas salgo de la habitación, porque sé que si me quedo sola, sin hacer nada, me pondré a pensar en lo que me espera, y no puedo permitirme llorar, no hasta la noche.
miércoles, 2 de mayo de 2012
Capitulo 3
Pasan unos minutos antes de que Abbie, la mujer del capitolio que se encarga de sacar las papeletas de las urnas, suba al escenario.
- Bienvenidos, supongo que estaréis tan ansiosos como yo por saber el nombre de los dos afortunados que irán a los juegos este año, así que vamos a empezar-
Se acerca a la urna de las chicas y empieza a remover los papeles, saca uno y se dispone a leerlo:
- Glimmer Miller -
Siento un profundo dolor en el pecho, y puedo notar como la angustia se va apoderando de mi. Todos me miran, así que sonrío e intento parecer feliz, mientras que por dentro solo siento vacío.
Cuando llego arriba, Abbie se dirige hacia la urna de los chicos, mientras yo intento localizar a mis padres entre la gente. Cuando los distingo, mis ojos amenazan con nublarse de lágrimas, están contentos, pero intento con todas mis fuerzas no derrumbarme, no sería propio de una chica del distrito uno. Sonrío y espero a que anuncien al que será solo un rival más.
- Petter Rambin -
La multitud se vuelve a mirar a un chico de aspecto frágil, tiene la cara pálida, parece apunto de desmayarse. Justo cuando se dispone a subir, alguien levanta la mano y se ofrece voluntario. Para mi desgracia, conozco esa voz y cuando levanto la mirada, me está observando.
Lo veo subir al escenario y por un momento, en esa sonrisa, ahora egocéntrica, logro distinguir algo de su antiguo yo, ese niño pequeño junto al que crecí. Ha cambiado, mucho. Ya no hay ni rastro de mi mejor amigo, solo queda una persona despreciable que hará cualquier cosa por acabar con cualquiera antes de ser eliminado.
- Me encanta cuando hay voluntarios! Como te llamas?- pregunta Abie con una radiante sonrisa.
- Marvel Thomas -
A continuación nos hacen darnos la mano mientras suena el himno y, a continuación, nos llevan al Edificio de Justicia.
Cuando me dejan sola en la habitación ya casi no puedo aguantar las lágrimas, no entiendo como es que ha salido mi nombre, no les bastaba al capitolio con acabar con la vida de Robin? si no que también tienen que eliminarme a mi?
Dos agentes de la paz les abren la puerta a mis padres, que vienen corriendo a abrazarme.
- Puedes ganar Glimmer, estás preparada - dice mi padre.
- Sí, lo intentaré.
- Sabes que eso no es suficiente, debes ganar, es para lo que as sido entrenada - insiste con un leve tono de autoridad.
Asiento, pues con mi padre, discutir no lleva a nada. Mi mirada se centra en mi madre, parada en frente de mi, con los ojos nublados por las lágrimas. Perdió a su hijo pequeño, y ahora también me perderá a mi. El tiempo restante lo paso abrazada a ella.
Al cabo de unos minutos se los llevan, y a mi me conducen hacia el tren que nos llevará al capitolio, por el camino hay un montón de cámaras y yo intento parecer contenta y segura de mi misma.
Cuando entramos en el tren, me quedo asombrada, es muy bonito para ser el vehículo hacia el infierno. Abie nos conduce a Marvel y a mi a una sala con tres sillones, y nos dice que tomemos asiento, que en seguida conoceremos a nuestro mentor. Intento recordar quien fue la última persona del distrito uno que ganó los juegos, pero me duele mucho la cabeza, así que me limito a mirar por la ventana, mientras en silencio, me despido del distrito uno.
- Bienvenidos, supongo que estaréis tan ansiosos como yo por saber el nombre de los dos afortunados que irán a los juegos este año, así que vamos a empezar-
Se acerca a la urna de las chicas y empieza a remover los papeles, saca uno y se dispone a leerlo:
- Glimmer Miller -
Siento un profundo dolor en el pecho, y puedo notar como la angustia se va apoderando de mi. Todos me miran, así que sonrío e intento parecer feliz, mientras que por dentro solo siento vacío.
Cuando llego arriba, Abbie se dirige hacia la urna de los chicos, mientras yo intento localizar a mis padres entre la gente. Cuando los distingo, mis ojos amenazan con nublarse de lágrimas, están contentos, pero intento con todas mis fuerzas no derrumbarme, no sería propio de una chica del distrito uno. Sonrío y espero a que anuncien al que será solo un rival más.
- Petter Rambin -
La multitud se vuelve a mirar a un chico de aspecto frágil, tiene la cara pálida, parece apunto de desmayarse. Justo cuando se dispone a subir, alguien levanta la mano y se ofrece voluntario. Para mi desgracia, conozco esa voz y cuando levanto la mirada, me está observando.
Lo veo subir al escenario y por un momento, en esa sonrisa, ahora egocéntrica, logro distinguir algo de su antiguo yo, ese niño pequeño junto al que crecí. Ha cambiado, mucho. Ya no hay ni rastro de mi mejor amigo, solo queda una persona despreciable que hará cualquier cosa por acabar con cualquiera antes de ser eliminado.
- Me encanta cuando hay voluntarios! Como te llamas?- pregunta Abie con una radiante sonrisa.
- Marvel Thomas -
A continuación nos hacen darnos la mano mientras suena el himno y, a continuación, nos llevan al Edificio de Justicia.
Cuando me dejan sola en la habitación ya casi no puedo aguantar las lágrimas, no entiendo como es que ha salido mi nombre, no les bastaba al capitolio con acabar con la vida de Robin? si no que también tienen que eliminarme a mi?
Dos agentes de la paz les abren la puerta a mis padres, que vienen corriendo a abrazarme.
- Puedes ganar Glimmer, estás preparada - dice mi padre.
- Sí, lo intentaré.
- Sabes que eso no es suficiente, debes ganar, es para lo que as sido entrenada - insiste con un leve tono de autoridad.
Asiento, pues con mi padre, discutir no lleva a nada. Mi mirada se centra en mi madre, parada en frente de mi, con los ojos nublados por las lágrimas. Perdió a su hijo pequeño, y ahora también me perderá a mi. El tiempo restante lo paso abrazada a ella.
Al cabo de unos minutos se los llevan, y a mi me conducen hacia el tren que nos llevará al capitolio, por el camino hay un montón de cámaras y yo intento parecer contenta y segura de mi misma.
Cuando entramos en el tren, me quedo asombrada, es muy bonito para ser el vehículo hacia el infierno. Abie nos conduce a Marvel y a mi a una sala con tres sillones, y nos dice que tomemos asiento, que en seguida conoceremos a nuestro mentor. Intento recordar quien fue la última persona del distrito uno que ganó los juegos, pero me duele mucho la cabeza, así que me limito a mirar por la ventana, mientras en silencio, me despido del distrito uno.
jueves, 26 de abril de 2012
Capitulo 2
Sigo inmersa en mis pensamientos cuando mi madre entra en la cocina.
- Qué haces despierta? deberías estar descansando, hoy es un día importante, cielo.- me dice con la voz cansada.
- Lo sé, es que no tenía sueño.
Me dedica una sonrisa y yo la miro a los ojos, antes era una persona tan alegre que, con solo mirarla, te hacía sentir mejor. Pero desde el día que perdió a Robin, por mucho que se esfuerce en ocultarlo, hay una pena en sus ojos que sé que nunca desaparecerá.
Juntas comenzamos a preparar el desayuno. Mi padre aparece unos minutos más tarde, con una enorme sonrisa en la cara. Al pasar por mi lado me aprieta el hombro como signo de saludo y se sienta en la mesa.
No sé porqué me sorprende que esté tan feliz, su gran sueño era que uno de sus dos hijos ganase alguna vez los juegos, y como Robin no lo consiguió, espera que yo me presente voluntaria y gane.
No sabe lo equivocado que está, si voy a los juegos, prometo que no será por voluntad propia.
Cuando acabo de comer, me encierro en mi habitación. Me quedo unos minutos sentada en la cama, sin saber que hacer ni que pensar.
Unos golpes se oyen en la puerta y mi padre me dice que me de prisa, quiere llegar pronto a la plaza.
Respiro hondo y me dirijo hacia el armario, observo toda la ropa y me decido por uno de mis vestidos favoritos, es azul claro, me llega hasta la rodilla y las mangas se acaban antes de llegar al codo. Me observo en el espejo, miro mi pelo, es rubio, liso y me llega hasta un poco por debajo del hombro, decido dejarlo suelto, y salgo por la puerta.
Cuando llegamos a la plaza ya hay mucha gente, la mayoría son caras conocidas, adultos y niños que me saludan cuando paso a su lado. Mi padre es un hombre muy respetado y conocido, por lo que todos me conocen a mi.
Busco mi sección y me sitúo entre las chicas de mi misma edad. Me fijo en sus rostros, algunas de ellas muestran relucientes sonrisas, la gran mayoría. Mientras que unas pocas, miran hacia el frente con los ojos llenos de pánico. Ojalá pudiese dejar que mi cara mostrase el miedo que siento, pero no puedo. Así que en su lugar, esbozo una pequeña sonrisa y me trago la impotencia. Sonrío, porque así se supone que soy, así es como todo el mundo quiere que sea, como todos ellos, fría, segura de mi misma, arrogante y cínica.
Las puertas del gran edificio se abren, apretó los dientes y me preparo para soportar otra cosecha más.
- Qué haces despierta? deberías estar descansando, hoy es un día importante, cielo.- me dice con la voz cansada.
- Lo sé, es que no tenía sueño.
Me dedica una sonrisa y yo la miro a los ojos, antes era una persona tan alegre que, con solo mirarla, te hacía sentir mejor. Pero desde el día que perdió a Robin, por mucho que se esfuerce en ocultarlo, hay una pena en sus ojos que sé que nunca desaparecerá.
Juntas comenzamos a preparar el desayuno. Mi padre aparece unos minutos más tarde, con una enorme sonrisa en la cara. Al pasar por mi lado me aprieta el hombro como signo de saludo y se sienta en la mesa.
No sé porqué me sorprende que esté tan feliz, su gran sueño era que uno de sus dos hijos ganase alguna vez los juegos, y como Robin no lo consiguió, espera que yo me presente voluntaria y gane.
No sabe lo equivocado que está, si voy a los juegos, prometo que no será por voluntad propia.
Cuando acabo de comer, me encierro en mi habitación. Me quedo unos minutos sentada en la cama, sin saber que hacer ni que pensar.
Unos golpes se oyen en la puerta y mi padre me dice que me de prisa, quiere llegar pronto a la plaza.
Respiro hondo y me dirijo hacia el armario, observo toda la ropa y me decido por uno de mis vestidos favoritos, es azul claro, me llega hasta la rodilla y las mangas se acaban antes de llegar al codo. Me observo en el espejo, miro mi pelo, es rubio, liso y me llega hasta un poco por debajo del hombro, decido dejarlo suelto, y salgo por la puerta.
Cuando llegamos a la plaza ya hay mucha gente, la mayoría son caras conocidas, adultos y niños que me saludan cuando paso a su lado. Mi padre es un hombre muy respetado y conocido, por lo que todos me conocen a mi.
Busco mi sección y me sitúo entre las chicas de mi misma edad. Me fijo en sus rostros, algunas de ellas muestran relucientes sonrisas, la gran mayoría. Mientras que unas pocas, miran hacia el frente con los ojos llenos de pánico. Ojalá pudiese dejar que mi cara mostrase el miedo que siento, pero no puedo. Así que en su lugar, esbozo una pequeña sonrisa y me trago la impotencia. Sonrío, porque así se supone que soy, así es como todo el mundo quiere que sea, como todos ellos, fría, segura de mi misma, arrogante y cínica.
Las puertas del gran edificio se abren, apretó los dientes y me preparo para soportar otra cosecha más.
martes, 24 de abril de 2012
Capítulo 1
Son las cuatro de la madrugada y aunque llevo horas en cama, no consigo conciliar el sueño. Tengo demasiados pensamientos en la cabeza, así que decido levantarme, porque no creo ser capaz de cerrar los ojos.
Me visto, y sin hacer ruido, salgo de casa.
El viento frío de la noche hace que me estremezca, pego los brazos al cuerpo para mantener el calor y echo a andar. Me gusta salir fuera a estas horas, principalmente este día, todo el mundo duerme porque mañana es la cosecha, llevan esperándola todo el año.
Ya estoy llegando a la antigua casa de madera, esa que cuando éramos pequeños mi hermano y yo descubrimos oculta tras unos grandes arbustos.
Este lugar me recuerda a él, era el único sitio donde podíamos ser nosotros mismos, sin tener que fingir.
Hace tres años que el nombre de mi hermano salió elegido, Robin tenía doce años, si no hubiera sido por aquella niña del distrito dos, mi hermano hubiese ganado los juegos.
Le echo mucho de menos, cada vez que pienso en él un nudo se me forma en el estomago y me cuesta respirar.
No entiendo porqué la gente de mi distrito adora tanto al Capitolio. Es que no lo entienden? Salir elegido no es algo que haya que festejar, si no todo lo contrario. Cada año, ven morir a niños de su propio distrito, niños a los que han visto crecer. Nos arrebatan vidas humanas, y eso debería destrozar familias. Pero no, aquí no.
La noche que Robin murió, recuerdo estar dormida en mi habitación y haber escuchado unos gritos que hicieron que me levantase a ver que pasaba. Al asomarme a la cocina y echar un vistazo a la vieja pantalla, vi como el cuerpo de mi hermano cubierto de sangre, yacía en el suelo de la arena. Caí al suelo llorando y en ese momento mis padres se dieron cuenta de mi presencia, mi madre vino a abrazarme, mientras que mi padre, con una expresión de desprecio en la cara, salió de casa.
Nunca olvidaré ese momento, acababa de ver a su propio hijo morir desangrado y no había rastro de lágrimas o desesperación en su rostro, solo vergüenza.
Pasé semanas sin ir al colegio, fingiendo estar enferma. Mi madre lo sabía, pero me dejó descargar mi pena. Durante los primeros meses, cuando mi padre no estaba en casa, escuchaba los gritos y los sollozos de mi madre, pero delante de los demás, actuaba como si nada hubiese pasado. Al principio sentí rencor hacia ella, pero conforme fue pasando el tiempo, entendí que lo que se esperaba de ella es que fuese fría, como la gente que la rodeaba, por eso tubo que fingir no llorar la pérdida de su hijo.
Sin darme cuenta, me he quedado dormida. Cuando me despierto ya está amaneciendo, vuelvo a casa corriendo, porque no quiero que mis padres se enteren de que he pasado la noche fuera de casa.
Cuando llego me quedo sentada en la cocina, dentro de unas horas comenzará la cosecha.
Sigo preguntándome si saldrá mi nombre. No lo creo, aunque ya ha pasado otras veces, eso de que vayan a los juegos dos miembros de una misma familia.
Ya he vivido cuatro cosechas, y la verdad, hay veces en las que pienso que los tributos son elegidos por el Capitolio, como si en las urnas todas los papeles llevasen el mismo nombre gravado.
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